Saluda del Presidente

 

Nunca he escrito una carta tan difícil. Y no porque no las haya escrito, sino porque en este caso el destinatario es tan diverso que quizás no pueda llegar a todos con este texto. Sin embargo, resulta consolador escribir una carta que de antemano no puedo suponer perdida, porque todo lo que se diga en nombre de la Santa Cruz de la Calle Cabo es como desperdigar semillas en una tierra de fertilidad cierta.

Una Hermandad como la nuestra, hecha de tiempo y amor, no crece sólo por el mimo complaciente de la Junta de Gobierno, sino también por el útil tiempo que vierten sobre ella el «divino tesoro» de la juventud, el grupo de mujeres que semana tras semana recorren las calles reclamando una limosna para la Santa Cruz y todos aquellos bartolos que anónimamente se acercan a la Hermandad para multiplicar con su abnegada acción el patrimonio espiritual de nuestra corporación. No hay espacio suficiente en Internet para dar sinceramente las gracias a todos aquellos que hacen posible que en mayo la grandeza de la Santa Cruz de la Calle Cabo brille más que el sol. Por eso puedo deciros que no hay jubilación en la Calle Cabo, sino un jubileo constante. Un continuo compartir la vida –vieja o joven que más da la edad- que es la mejor manera de crecer y multiplicar la palabra de Dios contenida en la Santa Cruz haciéndola inmortal.

Debido a la gran importancia de la comunicación hoy en día, Las hermandades deben potenciar el área de comunicación dentro de su organización. Ya hay al respecto algunas intenciones encaminadas a alcanzar este fin. Esta Hermandad ya ha incorporado en su Jjuntas de Gobierno a miembros dedicados a potenciar esta área tan importante y siempre relegada en el seno de las hermandades. Las hermandades deben comunicar cada día más y mejor, y cuando cito comunicar no sólo me refiero a difundir noticias, publicar boletines o tener la mejor página web de la red. Hay que empezar comunicando orgullo de hermandad. Hay que diseñar una marca pública que transmita, nítida y rotundamente, el mensaje de la hermandad, actual, muy palmerina y para los palmerinos y también para la gente de fuera. Para todos.

Bartolos no dejéis nunca de ser con Ella como sois y habéis sido siempre: humildes, libres, caritativos, bondadosos y apaciguados. Yo en este tiempo tan nuestro que nos llega quisiera invitaros a vivir las fiestas de la cruz como verdaderos herederos de una tradición cristiana y palmerina. Todos somos brotes y ramas del Árbol de la Cruz que milagrosamente nació en el río. Todos formamos parte de esa misma leyenda que nos encadena en el tiempo. Recordad que todo árbol crece de abajo a arriba y de dentro hacia fuera. Es abajo y dentro de la raíz de la Cruz donde se halla la verdad más absoluta de lo que somos como cristianos y bartolos. Aquel que no se adapte a la Cruz, sino que adapte la cruz a sus necesidades, ese no crecerá. Nosotros como semillas cruceras de la Cruz que somos estamos tan dentro de Ella tal como Ella está tan dentro de nosotros. Por eso la felicidad que vivimos en mayo ha de ser siempre la brisa que nos refresque en el dolor de la vida que nos ha tocado vivir. Ese es el mayor milagro que nos ha sido dado, no sólo para contarlo a los que vengan, sino también para vivirlo con gozo. Esa es la Cruz. La Santa Cruz de la Calle Cabo. Hace siglos la entronizamos en nuestro corazón. No a otra cosa llamo yo compromiso, sino que a la obligación contraída de manera libre y voluntaria de seguir que la sangre siga fluyendo. Se que sabéis lo que os digo, porque siento lo mismo que ustedes. Por eso, no dejéis que las fuerzas inerciales sociales y el pecado subrayen el distanciamiento del Dios vivo y resucitado que su portentosa figura nos muestra. Ojalá que así sea.