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Lupa

Paso Procesional

Autor: Andrés Contreras | Fecha: 1939



En 1939, la Hermandad adquiere un nuevo paso procesional en metal plateado debiéndose el diseño y ejecución artística al orfebre sevillano Andrés Contreras, profílico artesano del argénteo metal que también realizó obras importantes de orfebrería tales como los varales y respiraderos de la Virgen del Rosario de Montesión de Sevilla.

Estructuralmente, sigue el modelo del antiguo paso de la Santa Cruz (donado a la Virgen de Fátima en el 1953), estando formado por tres niveles, los respiraderos, una peana intermedia y la peana expositora sobre la que se coloca la Santa Cruz, para que ningún elemento decorativo del paso impida su perfecta visión. Conforme al estilo en la forma de ser portado también redunda en los banzos exteriores en los vértices, sin embargo la magnitud de la carga hizo necesaria, años más tarde, la remodelación de la estructura interior para incluir dos banzos más, con la consiguiente modificación de los respiraderos.

Los respiraderos conforman un conjunto estructural y decorativo muy armónico. Realizados en metalplateado, poseen en su parte inferior una faja decorativa donde se reproducen motivos ornamentales muy en consonancia con los cadeliris renacentistas. Esta franja decorativa da paso al módulo de mayor tamaño, compuesto por varios espacios acotados por ribetes decorativos verticales, más en concreto cuatro en los laterales y tres en el frontal y la trasera. Sólo existe una excepción en la zona frontal, donde el módulo central parece ocupado por el escudo de la Hermandad de la Santa Cruz de la Calle Cabo, labrado en metal sobredorado.

La peana intermedia, de sección trocopiramidal, juega en sus perfiles con las líneas cóncavas y convexas. Actúa como un componente elevador, colocado sobre la mesa de la parihuela y bajo la peana. Ornamentalmente, Contreras repite modelos semejantes a los de los respiraderos, con decoración floral y geométrica, basada en el abultamiento y cincelado del metal.

Remata el conjunto la peana expositora, en la que la complejidad de las líneas suple la exigua ornamentación labrada, que se hace más abundante en los cuatro volutones que sostienen el último módulo de la pieza. Su basamiento cuadrangular achaflanado actúa como asiento de los cuatro cuerpos siguientes en los que se van intercalando los perfiles rehundidos y salientes. La ornamentación no va más allá del labrado de motivos florales que se hacen más abundantes en el último cuerpo donde aparecen doce flores de lis, tres en cada uno de los lados de la peana, mientras que en los chaflanes volvemos a encontrar las repetidas cabezas de querubines.

En el año 1970, el paso fue restaurado por el también insigne orfebre Seco Velasco.





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